Muro pintado de una tumba del Valle de los Reyes en Luxor con Horus de cabeza de halcon, el faraon y Anubis de cabeza de chacal en rojo, azul y oro vivos
Luxor, orilla oeste

Las tumbas de los nobles de Luxor son la parte más íntima de la orilla oeste y casi nadie las pide

Las tumbas de los nobles de Luxor son las capillas funerarias de los altos funcionarios de Tebas, excavadas en la ladera de Sheikh Abd el Qurna y en las colinas vecinas de la orilla oeste, a un paso del Valle de los Reyes. Donde los faraones pintaron el viaje por el más allá, los visires, escribas y alcaldes pintaron su vida: la vendimia, la siega, el banquete con músicas, la pesca en los cañaverales. Son pequeñas, están casi vacías y en varias el color se conserva mejor que en las tumbas reales. Se visitan en la misma mañana que el Valle de los Reyes y Hatshepsut, a primera hora y con un guía que sepa leer las escenas. Es la visita que más agradece quien ya ha visto lo grande.

Incluirlas en mi mañana en la orilla oeste

Qué son las tumbas de los nobles y en qué se diferencian del Valle de los Reyes

La orilla oeste de Luxor es una necrópolis entera. En el fondo de un wadi escondido están las tumbas reales, el Valle de los Reyes. En la ladera que mira al Nilo, mucho más cerca de los campos, están las tumbas privadas de quienes gobernaban Tebas en nombre del rey: visires, alcaldes, escribas de los graneros, sacerdotes de Amón, jefes de talleres. Se les llama tumbas de los nobles, aunque muchos de sus dueños eran funcionarios más que aristócratas.

Una tumba real es un corredor largo que baja hacia el sarcófago, decorado con los libros del más allá. Una tumba de noble tiene planta en forma de T, con una sala transversal a la entrada y un pasillo al fondo hasta la capilla con las estatuas del difunto y su familia. El pozo funerario no se visita.

Y sobre todo cambia el tema. El noble quería que se le recordase por lo que había hecho en vida: trigo, campesinos midiendo parcelas, ganado pasando ante el escriba, invitados en un banquete con una flor de loto en la mano, músicas con el arpa y la doble flauta. La mayoría son de la dinastía dieciocho, la época de Hatshepsut y Tutmosis III, así que conviene entender antes cómo se reparte Luxor entre la orilla este y la oeste.

Dónde están: Sheikh Abd el Qurna y las colinas de alrededor

El nombre que oirás más veces es Sheikh Abd el Qurna, la colina que se levanta detrás del Ramesseum y a la vista del templo de Hatshepsut. Hasta hace no tanto había un pueblo entero construido encima de las tumbas. Las familias fueron trasladadas y hoy la ladera está limpia, con senderos de tierra que suben de un grupo de tumbas a otro y una caseta de guardia en cada uno.

Alrededor hay otros sectores del mismo conjunto:

  • El Khokha, la loma pequeña entre Qurna y el Asasif, con las tumbas de Khonsu, Userhat y Benia, que se venden juntas.
  • El Asasif, la explanada delante del templo de Hatshepsut, con tumbas tardías enormes que se abren de forma irregular.
  • Dra Abu el Naga, la colina del norte, camino del Valle de los Reyes, con tumbas ramésidas pequeñas y muy vivas de color.

Una visita normal se concentra en Sheikh Abd el Qurna y El Khokha, a unos minutos andando el uno del otro, y se pasa por delante camino del valle.

Vista aerea a baja luz de las colinas calizas y los wadis del desierto tebano en la orilla oeste de Luxor

Las tumbas que merece la pena pedir

Hay más de cuatrocientas tumbas numeradas en la necrópolis tebana y solo un puñado está abierto en cada momento. Las abiertas rotan: unas cierran por restauración y otras se abren al terminar una limpieza. Llevamos las preferencias claras y el guía confirma en la taquilla, esa misma mañana, cuáles están abiertas. Estas son las que pedimos siempre que se puede:

Tumba Qué ver Por qué merece la pena
Rekhmire, visir de Tutmosis III Embajadas extranjeras con tributos, talleres de artesanos, la lista de deberes del visir La crónica más completa de cómo funcionaba la administración egipcia
Sennefer, alcalde de Tebas El techo pintado como una parra cargada de uvas, la cámara baja con su esposa Meryt La más fotogénica de la colina y una de las pocas donde se baja a la cámara funeraria
Ramose, visir de Amenhotep III y Akhenatón Relieves en piedra sin pintar de una finura extraordinaria, el cortejo de plañideras, una pared en estilo de Amarna Muestra el cambio de estilo artístico en una sola sala
Nakht, escriba y astrónomo de Amón Vendimia, siega, el arpista ciego, tres músicas en el banquete Pequeña, intacta de color y con las escenas rurales más citadas de Egipto
Menna, escriba de los campos Medición de tierras, pesca y caza en el cañaveral con la familia El mejor sitio para entender cómo se cobraba el impuesto sobre la cosecha
Userhat, escriba real Barbero cortando el pelo a los reclutas, caza en el desierto desde el carro Escenas raras que no se repiten en otras tumbas
Khonsu, sacerdote ramésida Procesión de las barcas sagradas de Montu, ofrendas con la familia Color muy bien conservado y un estilo distinto de las anteriores
Benia, jefe de los talleres reales Nicho con las estatuas del difunto entre sus padres, banquete y ofrendas Un funcionario de origen extranjero que llegó a lo más alto

Si solo hay tiempo para un grupo, elegimos Nakht y Menna cuando el viajero quiere color y vida cotidiana, y Rekhmire con Sennefer cuando le interesa más la historia y el techo de la parra.

Por qué están vacías y por qué a menudo son más bonitas

Están vacías porque no salen en los folletos. El circuito estándar de la orilla oeste es Valle de los Reyes, Hatshepsut y colosos de Memnón. Las tumbas de los nobles quedan fuera porque exigen andar por una ladera sin sombra y no caben en un programa cerrado de tres horas.

En Nakht o en Menna es normal estar solos con el guardián y el guía, mientras a un par de kilómetros hay cola para entrar en las tumbas del Valle de los Reyes.

Lo de más bonitas tiene una explicación. Las tumbas reales se leen como un texto. Las de los nobles fueron pintadas para ser vistas por la familia en las fiestas de los muertos, y sus artistas se permitieron cosas que en el valle no cabían: un gato robando un pez bajo la silla, una invitada que se gira para hablar con la de al lado, un asno que se planta. Son cuadros, no jeroglíficos. En la cámara baja de Sennefer el techo de uvas parece pintado ayer.

Preguntar qué tumbas están abiertas ahora

Cómo funcionan las entradas

No hay una entrada única para el conjunto. Se venden por grupos, y cada grupo son dos o tres tumbas vecinas en la ladera: Rekhmire y Sennefer van juntas, Ramose con Userhat y Khaemhat, Nakht con Menna, y Khonsu, Userhat y Benia forman el grupo de El Khokha. Todas se compran en la taquilla central de la orilla oeste, la del cruce antes de los colosos.

Dos consecuencias prácticas. Hay que decidir qué grupos se van a ver antes de llegar a la taquilla, porque volver a comprar supone deshacer el camino. Y una mañana admite dos o tres grupos, no todos: cada grupo se lleva alrededor de media hora y cada capilla es un espacio pequeño sin ventilación.

Los importes cambian de una temporada a otra y te los decimos actualizados al cerrar el programa. Un detalle que sorprende: la entrada del Valle de los Reyes no incluye estas tumbas y en la taquilla del valle no se venden. Por eso la orilla oeste se planifica de una vez al empezar la mañana, con todas las entradas en la mano, incluidas Deir el Medina y Medinet Habu.

Faluca a toda vela en el Nilo de Asuan bajo la colina de la orilla oeste, con las tumbas de los nobles excavadas en la roca

Cómo encajarlas en una mañana en la orilla oeste

La orilla oeste se hace en una mañana larga, saliendo del hotel o del barco con la primera luz. El orden importa, porque el calor sube rápido y hay sitios que se llenan a media mañana. Este es el que nos funciona:

  1. Taquilla central nada más cruzar el puente o bajar del ferry, con todas las entradas compradas de una vez.
  2. Valle de los Reyes el primero, cuando las tumbas están frescas y la cola aún no existe.
  3. Tumbas de los nobles justo después, con la cabeza despejada, dos grupos como máximo. La ladera está a diez minutos en coche del valle.
  4. Deir el Medina, a cinco minutos, con dos tumbas de artesanos, si la energía aguanta.
  5. Templo de Hatshepsut, que se lleva bien el sol alto porque tiene sombra en las terrazas.
  6. Medinet Habu para cerrar, con los relieves pintados de Ramsés III y patios frescos.
  7. Colosos de Memnón en una parada breve de vuelta al río.

Lo que no cambia, se ponga Hatshepsut antes o después, es que los nobles nunca van al final: son capillas pequeñas, calurosas y que exigen atención.

Si el viaje incluye también el Valle de las Reinas con la tumba de Nefertari, hay que elegir o repartir la orilla oeste en dos medias jornadas, que con dos días en Luxor es la mejor solución. La guía de qué ver en Luxor ordena el resto por orillas.

La luz, el calor, las fotos y el paseo entre grupos

La ladera de Sheikh Abd el Qurna mira al este, así que a primera hora tiene el sol de frente y las bocas de las tumbas quedan en sombra. Es el momento más agradable para andar entre grupos. A media mañana el sol cae vertical y no hay un árbol en toda la colina. En verano, después de las once, subir de un grupo a otro se hace largo.

Dentro son espacios cerrados, sin corriente, con el calor de quien entra y una lámpara. El paseo entre grupos es parte de la visita: de Rekhmire y Sennefer a Nakht y Menna hay una bajada corta, y de ahí a Ramose unos minutos más, por caminos de tierra con algún tramo de escalones tallados. Zapato cerrado, sombrero y agua, que se queda fuera porque dentro no se bebe.

Sobre las fotografías, la norma cambia de una temporada a otra y de una tumba a otra. En general la foto con el móvil sin flash está permitida o se permite con un pase de la taquilla, y hay tumbas concretas donde está prohibida del todo. El flash está siempre prohibido porque daña los pigmentos. El guía confirma la norma del día antes de entrar.

Lo que aporta un guía: leer las escenas

En el Valle de los Reyes se puede entrar sin guía y salir impresionado igual. En las tumbas de los nobles, sin alguien que lea las paredes, en veinte minutos se ha terminado.

Un ejemplo con Nakht. En una pared hay una franja de vendimia: unos hombres pisan la uva agarrados a una cuerda, otros recogen el mosto en ánforas, y arriba el trigo se siega, se aventa y se mide ante el escriba que apunta. El guía te enseña que los registros se leen de abajo arriba, que el escriba es el propio Nakht y que las medidas de grano son el impuesto que sostenía el templo de Amón. De pronto la escena de campo es una lección de economía.

En el banquete, los invitados llevan un cono de grasa perfumada en la cabeza que se derrite con el calor de la fiesta. Las tres músicas de Nakht, con arpa, laúd y doble flauta, son una de las imágenes más reproducidas del arte egipcio. El arpista ciego canta que hay que disfrutar el día porque nadie ha vuelto del más allá para contarlo.

La pesca y la caza en el cañaveral, en Menna y en Nakht, parecen ocio familiar, pero el pantano es el lugar del que sale la vida y la esposa y las hijas van vestidas de fiesta. Con la explicación, el paisaje se convierte en un deseo de volver a nacer.

Deir el Medina, la aldea de los artesanos que pintaron todo esto

Al otro lado de la loma de Qurnet Murai, en un vallecito cerrado, están las ruinas de Deir el Medina, el poblado de los obreros y pintores que trabajaban en las tumbas reales. Se conoce cada casa y muchos nombres de sus habitantes gracias a los miles de ostraca, trozos de caliza con anotaciones, que dejaron.

Los artesanos se hicieron sus propias tumbas en la ladera del poblado, más pequeñas todavía y con unos amarillos intensísimos, porque quien las pintaba era el mismo que pintaba para el faraón. Las de Sennedjem e Inherkhau son las que suelen abrirse.

Encajan con las tumbas de los nobles porque están a cinco minutos en coche y cuentan la otra cara de la misma historia: los nobles muestran quién mandaba y Deir el Medina quién hacía el trabajo. Junto con Medinet Habu, justo debajo, forman el trío menos visitado y más agradecido de la orilla oeste.

Errores habituales al visitar las tumbas de los nobles

  • Llegar después de las once en verano. El error más común: entre el sol de la ladera y el calor dentro de las capillas, la visita se convierte en una prueba de resistencia.
  • Dejarlas para después del Valle de los Reyes y de Hatshepsut. Con dos horas de valle y las terrazas del templo encima, nadie tiene la cabeza para leer una escena de vendimia. Nunca las tumbas al final.
  • Querer verlas todas. Con dos grupos bien explicados se sale contento; con cuatro se sale mareado y sin recordar cuál era cuál.
  • Ir sin guía para ahorrar. Es la visita de Luxor donde más se nota la diferencia.
  • Comprar solo la entrada del valle. Darse cuenta arriba en la ladera obliga a bajar de nuevo hasta la taquilla central.
  • Insistir en una tumba concreta. Si Sennefer está cerrada ese día, está cerrada. Mejor llevar tres o cuatro preferencias y decidir sobre la marcha.

Con guía propio y coche propio nada de esto pasa, y las tumbas de los nobles pasan de ser un extra a ser el recuerdo que más se cuenta al volver.

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Preguntas frecuentes

¿Se pueden ver las tumbas de los nobles y el Valle de los Reyes el mismo día?

Sí, y es lo habitual. Están a diez minutos en coche y se ven en la misma mañana, con el valle primero y los nobles a continuación, antes de que apriete el calor. Lo que no cabe en una sola mañana es todo: valle, nobles, Deir el Medina, Hatshepsut, Medinet Habu y Valle de las Reinas. Con un día elegimos; con dos, repartimos la orilla oeste.

¿Cuántas tumbas de los nobles conviene ver en una visita?

Dos grupos, es decir, cuatro o cinco tumbas, es la medida que mejor funciona. Cada capilla es pequeña y muy densa de detalles, y la explicación lleva su tiempo. Un tercer grupo cabe si la mañana empieza muy temprano y no hay templo después. Más que eso convierte la visita en una carrera y se pierde lo mejor, que es mirar despacio.

¿Hace falta guía para visitar las tumbas de los nobles?

No es obligatorio, pero es la visita de Luxor donde más se nota. Las escenas son pequeñas, se leen en un orden concreto y están llenas de detalles que sin explicación pasan desapercibidos: el gato bajo la silla, el cono de perfume, el escriba anotando el impuesto. Con guía la misma tumba dura el doble y se recuerda; sin él se ve en diez minutos.

¿Qué tumba de los nobles es la más bonita?

Depende de lo que busques. Sennefer, con el techo de parra, es la más fotogénica. Nakht y Menna tienen las escenas de vida cotidiana más completas y el color mejor conservado. Ramose es la mejor si te gusta el relieve en piedra. Rekhmire es la más rica en historia. Solemos combinar Sennefer y Rekhmire con Nakht y Menna, y dejamos Ramose para quien repite.

¿Se pueden hacer fotos dentro de las tumbas de los nobles?

La norma cambia con el tiempo y de una tumba a otra, así que la confirmamos el mismo día en la taquilla. En general se permite la foto sin flash con el móvil, a veces con un pase que se compra aparte, y hay capillas donde está prohibida. El flash no se admite nunca porque estropea los pigmentos. El guía te dice la norma antes de entrar en cada grupo.

¿Son adecuadas para niños o personas mayores?

Para niños funcionan mejor que el valle, porque las escenas son de animales, pesca, fiestas y campo, y cada pared tiene algo que buscar. Para personas mayores el punto a vigilar es la ladera: caminos de tierra con algún escalón, subidas y bajadas y ninguna sombra. Con el coche aparcado cerca, un solo grupo y la primera hora de la mañana, se hace sin problema.

Te llevamos a la ladera de Qurna antes de que llegue el calor

Dinos qué día estás en Luxor, si llegas en crucero o duermes en la ciudad y cuánto te interesa el arte frente a los templos grandes. Con eso te proponemos el orden de la mañana, los grupos de tumbas que pedimos y cómo encajarlos con el Valle de los Reyes, Deir el Medina y Hatshepsut. Te pasamos el presupuesto de la mañana o del día completo en la orilla oeste.

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